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Por Vicente Echerri



15 de noviembre de 2017 04:08 PM

Actualizado 16 de noviembre de 2017 05:08 AM

Este miércoles 15 de noviembre una organización independiente de derechos humanos, que responde al nombre de JusticeCuba, tuvo la oportunidad de hacer su denuncia en una dependencia de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, en Washington D.C. Esta audiencia privilegiada contó con la presencia de varios miembros del Congreso y con testigos excepcionales de todo el espectro del exilio cubano, víctimas en diversos grados y circunstancias de los crímenes que, con carácter consuetudinario, viene cometiendo el castrismo desde que llegara al poder hace casi 60 años.

Esta denuncia se produce en el contexto de los ajustes recientes de la política de EEUU hacia Cuba que, en términos generales, se propone degradar o reducir el aperturismo del presidente Obama que no produjo los frutos que el ingenuamente esperaba y que el castrismo tradujo, con toda propiedad, como una muestra de fatiga de su viejo adversario: el “imperialismo” bajaba bandera y, finalmente, legitimaba con su reconocimiento diplomático la existencia de un régimen espurio. Ese giro político fue muy triste para los cubanos que aspiramos a los cambios reales y sustanciales, los cuales pasan por el desarraigo de esa tiranía atroz que ha destruido nuestro país y envilecido a su pueblo. Lo demás es conformarse con pamplinas, aspirar al inmoral acomodo en que trafican no pocos de los nuestros -recién llegados en su mayoría, pero antiguos exiliados también-, quienes ven la situación cubana anclada en esta vergonzosa permanencia y se conforman a ser parte de una identidad secuestrada.

Para los que aspiramos a la remoción de esos facinerosos que, por engaño y por fuerza, se apoderaron de Cuba y aún la mantienen encalabozada, las recientes medidas del gobierno de EEUU son defectuosas, por tibias y pacatas. Para los que queremos que los criminales paguen por sus crímenes, las últimas restricciones impuestas no pasan de ser un amable regaño a la conducta incivil de una banda de forajidos. Obviamente, reclamamos más sanciones, mayores y más eficaces medidas punitivas y, desde luego, el deshacimiento de todos los actos de legitimización, tales como la reapertura de embajadas y la flexibilización del embargo económico. Acciones todas, en fin, que sirvan para acentuar la precariedad y la vulnerabilidad de ese régimen como prólogo del día de la ira.

En ese sentido, una audiencia como la que tuvo lugar en Washington es un evento influyente, aunque no sea determinante. Consiste en volver a poner a la puerta misma de nuestros aliados y anfitriones el prontuario de una monstruosa realidad que Estados Unidos no puede eludir ni capear con infames componendas, incluida la mediación de personajes viscosos y untuosos por muy papas que sean, tal como hizo la administración anterior. La situación de Cuba no se arregla con tales avenimientos. La limpieza de tan gigantesco muladar precisa de una labor hercúlea. La presencia de una malignidad tan arraigada requiere de una operación de cirugía mayor, que este país alguna vez -por su propia seguridad y por solidaridad con los cubanos- tendrá que acometer.


LINK:

http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article184809903.html


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